Antonio Clemente José María Bernabé Ricaurte Lozano

Autor: Jorge Enrique Patiño Rojas

Antonio Clemente José María Bernabé Ricaurte Lozano, de ilustre prosapia, nació el 10 de junio de 1786, en la Villa de Leyva, en el antiguo corregimiento de Tunja, residencia ocasional de descanso de la familia, y “falleció heroicamente el 25 de marzo de 1814 ofreciendo el sacrificio de su propia vida, en la campaña de Venezuela, para impedir que el ejército español tomara el polvorín de San Mateo”. Hijo de don Juan Esteban Ramón Ricaurte Mauris, con ascendencia española, en la ciudad de Salamanca - Castilla la Vieja, y quien había pertenecido a la Tertulia Casino de Literatos del Precursor don Antonio Nariño; y de la señora María Clemencia Lozano Manrique; nieto de don Jorge Lozano de Peralta, Marqués de San Jorge, colaborador del Movimiento Comunero en la insurrección de 1781, y sobrino del Presidente Jorge Tadeo Lozano. Desde muy niño quedó huérfano de madre y a los doce años de padre. Época en la que, junto con sus hermanos Ignacio y Manuel, asumió su tutoría don Juan Nepomuceno Rodríguez de Lago, desde 1795 “corregidor depositario general del Cabildo de Santafé”, quien los trasladó a esa Ciudad para que realizaran sus estudios, Ignacio en el Colegio Mayor del Rosario, y Antonio y Manuel en el Real Colegio y Seminario de San Bartolomé, donde permanecieron de 1799 a 1804. A los dieciocho años abandonó sus estudios y el 13 de agosto de 1804 contrajo matrimonio con doña Juana Martínez Recamán Camacho, sobrina del inmolado prócer tunjano don Joaquín Camacho Rodríguez y Lago, corredactor del Acta General de la Provincias Unidas de la Nueva Granada del 27 de noviembre de 1811 y redactor de la Republicana Constitución de Tunja del 9 de diciembre del mismo año 11, quien ayudó al joven Antonio a entrar a la burocracia colonial, con el cargo de Escribano de Cámara y Secretario del Tribunal de Cuentas del Virreinato.

Participó activamente en los hechos revolucionarios del 20 de julio de 1810, en Santa Fe, como criollo rebelde contra el Régimen Colonial. Su decidida actuación de acompañamiento a don José María Carbonell lo ubicaron en el grupo de los llamados Chisperos Revolucionarios, así él mismo también denominado. Los jefes revolucionarios le encomendaron la vigilancia del Virrey Antonio Amar y Borbón en el Tribunal de Cuentas. Cuando se organizaron las milicias patriotas, Ricaurte fue incorporado al batallón de Infantería de Guardias Nacionales, con el grado de Teniente. En los primeros años de la naciente República de la Nueva Granada, se presentó la división partidista entre Centralistas y Federalistas, Ricaurte apoyó a los Centralistas lideradas por el Precursor don Antonio Nariño, participando así en la Primera Guerra Civil Granadina, interviniendo en los combates del Alto de la Virgen en Ventaquemada, en donde sus tropas fueron derrotadas el 2 de diciembre de 1812, posteriormente en los de San Victorino, en Santa Fe, el 9 de enero de 1813, logrando el triunfo para los Centralistas. En este mismo año, se enlistó en el Ejército Neogranadino, organizado por el entonces Brigadier Simón Bolívar, para luchar por la libertad de Venezuela. En la expedición denominada Campaña Admirable, inicialmente compuesta por 300 hombres, quienes a medida que avanzaban se les unían más seguidores, hasta entrar triunfalmente en Caracas. Este primer Ejército Libertador, de neogranadinos y venezolanos, se destacó en los combates que libraron en La Grita, Carache, Niquitao y Taguanes. A partir de febrero de 1814, se produjo una serie de encuentros entre patriotas y realistas, en un área comprendida entre el Lago de Valencia y San Mateo, en lo que se conoce como los Valles de Aragua. En la casa alta de la hacienda San Mateo, la mayor hacienda patrimonial de la familia Bolívar, se almacenó el polvorín y los pertrechos de los patriotas, cuya custodia fue encomendada al capitán Antonio Ricaurte y a un grupo de 50 soldados. El 25 de marzo de 1814, durante el ataque realista, Francisco Tomás Morales se apoderó del Ingenio, y una de las columnas de su tropa bajando por la fila de Los Cúcharos se tomó la casa alta. El cuarto donde se encontraba la bodega de los patriotas no fue tomado por esta columna, porque lo impidió el capitán Antonio Ricaurte, quien al ver que las tropas realistas estaban dispuestas a capturar el depósito, prendió fuego a una antorcha y con esta detonó el polvorín, inmolándose y dando muerte a aquellos que se encontraban dentro del recinto. “A causa de la explosión perecieron y fueron heridos 800 soldados realistas y 93 patriotas”. El General Bolívar aprovechó el desconcierto que produjo entre los atacantes el inusual suceso y lanzó un contraataque que le permitió ganar la batalla.

HOLLMANN VILLAVECES (de), Fenita y otros. Genealogía de Santafé de Bogotá. t. VIII. Bogotá: Gente Nueva Ed. 2011. p. 192. RESTREPO POSADA, José y otros. Genealogía de Santafé de Bogotá. t. IV. Bogotá: Gente Nueva Ed. 1995. p. 295.

Como gratitud al heroísmo del joven revolucionario se levantó un monumento en la colina de San Mateo. Jamás cruzan tropas por aquel lugar sin que se presenten armas en homenaje al heroísmo y a las glorias del capitán Antonio Ricaurte; igualmente, entre varias, la estrofa once de nuestro Himno Nacional inmortaliza su heroica acción: “Ricaurte en San Mateo, en átomos volando, deber antes que vida con llamas escribió”. Es tal la significancia político-militar de don Antonio Ricaurte, que desde 1829 el cartagenero Juan García del Río, consideró que junto con Miranda, Zea, Caldas, Nariño, Torres, Roscio, Girardot, Camacho y Policarpa Salavarrieta, “pueden ilustrar las páginas de la historia de cualquier pueblo, por su superioridad moral o intelectual”. Por su parte, La Capilla, pueblo del Norte del hoy departamento de Boyacá, desde 1914 pasó a denominarse San Mateo, en honor al campo en donde sacrificó su vida Don Antonio Ricaurte. Finalmente, ciento trece años después del sacrificio del héroe, el 18 de septiembre de 1928, la Fuerza Aérea Colombiana eligió a Antonio Ricaurte como su patrono, ya que sus excelsas virtudes confirman el heroísmo y valor que debe prevalecer en los hombres y mujeres que integran la Institución Aérea. La heroica acción en San Mateo, de la que emana su superioridad moral, otorga al capitán don Antonio Ricaurte la permanencia por siempre en los corazones de granadinos y venezolanos. Su intrépida determinación ayudó a la consolidación de la Independencia Absoluta de la América española y a él la historia lo posicionó en eterna inmortalidad como héroe inmolado por la Patria.
LIÉVANO AGUIRRE, Indalecio. Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia. t. II. Bogotá: TM Ed. 1997. p. 555 y ss. OCAMPO LÓPEZ, Javier. El Capitán Antonio Ricaurte héroe de San Mateo. ps. 51-75. En: Capitán Ricaurte 1814-2014. Bicentenario de su inmolación. Villa de Leyva, Colombia – San Mateo, Venezuela. Villa de Leyva: Impresión Buenos y Creativos, 2014. GARCÍA DEL RÍO, Juan. Meditaciones colombianas. Medellín: Bedout. 1972. p. 47.

Dr. Jorge Enrique Patiño Rojas